Instrumentos
Siku en Jujuy: el instrumento andino que construye melodías colectivas
Tubos, afinaciones, nombres y ejecución compartida: una guía sobre el siku en la Puna y la Quebrada de Jujuy.
El siku es una flauta de Pan de tradición andina formada por varios tubos dispuestos en hileras. En el Noroeste argentino, y especialmente en Jujuy, también recibe nombres como zampoña o “cañas”. Su sonido no depende solamente del instrumento como objeto: en muchas prácticas se construye mediante la coordinación de intérpretes que alternan las notas entre dos cuerpos complementarios. Esa manera de tocar convierte al siku en una expresión musical colectiva, estrechamente vinculada con bandas, celebraciones y saberes transmitidos entre músicos.
Qué es un siku
La denominación siku reúne distintas flautas de Pan de los Andes centrales y meridionales. Su dispersión abarca territorios actuales de Perú, Bolivia, el norte de Chile y el Noroeste argentino. Cada instrumento contiene tubos de diferentes longitudes: los más largos producen sonidos más graves y los más cortos, sonidos más agudos. Los tubos que se soplan están cerrados en su extremo inferior para que la columna de aire pueda vibrar.
Hablar de “el siku” como si existiera un único modelo puede resultar engañoso. Una investigación de la Universidad Nacional de Jujuy identificó, para localidades de la Puna y la Quebrada estudiadas entre 1986 y 1989, nueve especies organizadas en tres familias. Las diferencias incluían la cantidad de tubos, el orden de las notas, el registro, la afinación y la presencia o ausencia de una segunda hilera. El estudio advierte que sus conclusiones corresponden a ese contexto geográfico e histórico concreto.
Arka e ira: dos partes que completan la melodía
Una forma característica de ejecución distribuye las notas entre dos cuerpos instrumentales llamados arka e ira. Cada músico dispone sólo de una parte de la escala y debe coordinarse con quien toca el cuerpo complementario. La melodía surge cuando ambos alternan sus intervenciones, práctica que suele describirse como ejecución bipolar o diálogo musical.
En Jujuy, las denominaciones no son uniformes. El trabajo de campo realizado en Susques registró que muchos músicos usaban con mayor frecuencia “primera” y “segunda”, y también la palabra “cañas”, en lugar de arka e ira. Esta diversidad importa porque los nombres científicos, vernáculos y de uso corriente no siempre coinciden. El Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega señala que la organología debe distinguir esas nomenclaturas y explicar su contexto para evitar confusiones.
Cómo produce sonido
El intérprete dirige el aire contra el borde superior de cada tubo. Al cambiar de tubo obtiene otra altura, y al combinar las notas disponibles en las dos partes puede desarrollar la secuencia melódica. Los sikus documentados en Jujuy presentan progresiones que pueden aproximarse a escalas diatónicas, aunque las afinaciones reales no deben reducirse automáticamente al sistema temperado europeo.
Algunos modelos incorporan una hilera adicional de tubos abiertos en ambos extremos. Esos tubos no cumplen exactamente la misma función que los cerrados que se soplan para obtener las notas principales: aportan un enriquecimiento tímbrico semejante a un soplido y pueden relacionarse con sus pares a distancia cercana a una octava. La combinación ayuda a explicar la densidad sonora que caracteriza a ciertas bandas.
Familias, tamaños y registros
La clasificación relevada en la Puna y la Quebrada no se basa únicamente en el tamaño. Considera varios niveles: progresión de las notas, tipo de escala, tonalidad de referencia, posición de los tubos, cantidad de tubos, presencia de resonadores y registro. Dentro de una misma familia pueden existir instrumentos afinados una octava más arriba o más abajo.
Entre las denominaciones registradas aparecen toyos, sankas, maltas, chillus y zampoñas. No todos los conjuntos aplican esos nombres del mismo modo, ni todas las variantes conservan una estructura fija. El estudio señala cambios en las preferencias de músicos y constructores, además de instrumentos híbridos creados para compatibilizar saberes comunitarios con necesidades de agrupaciones orquestales.
La banda de sikuris como práctica colectiva
El siku adquiere pleno sentido dentro de una práctica social. En las bandas, la alternancia de notas exige escucha, memoria y coordinación. Un ejecutante no completa por sí solo la melodía cuando utiliza uno de los cuerpos separados: necesita la respuesta de su pareja musical y la relación con el resto del conjunto. Por eso la estructura del instrumento y la organización de los músicos forman parte de un mismo fenómeno.
En Susques se observó una modalidad cooperativa cuando coincidían músicos de varias localidades. Podían integrarse en una sola banda o rotar, con referencia en los intérpretes de la comunidad anfitriona. El estudio no propone esa organización como regla para todo el mundo andino; la documenta como una práctica localizada que permite comprender cómo el siku articula sonido, pertenencia y encuentro.
Un patrimonio vivo y cambiante
Los registros históricos del Instituto Nacional de Musicología muestran que Carlos Vega estudió instrumentos jujeños desde comienzos de la década de 1930. En sus textos incluyó la flauta de Pan entre los instrumentos observados en la provincia y señaló que ciertos instrumentos sólo se tocaban en determinadas épocas. La investigación posterior revisó esas descripciones, sus categorías y los nombres utilizados, mostrando que el conocimiento organológico también cambia.
La transmisión del siku no consiste simplemente en copiar un objeto antiguo. Incluye aprender a construir o elegir los tubos, reconocer afinaciones, coordinar las dos partes, integrarse a una banda y comprender las reglas de cada comunidad. Las variaciones documentadas revelan continuidad, pero también adaptación: músicos y constructores modifican instrumentos sin abandonar necesariamente la lógica colectiva que los sostiene.
Cómo nombrarlo sin borrar su diversidad
Siku y zampoña pueden funcionar como denominaciones generales, mientras que “cañas”, arka, ira, primera, segunda y los nombres de tamaños o familias dependen de contextos particulares. Presentarlos como equivalentes absolutos borraría diferencias locales. Una descripción responsable debe indicar dónde y cuándo fue registrada cada forma, y evitar proyectar los datos de Jujuy sobre todas las comunidades andinas.
El siku ocupa un lugar relevante en el folklore del Noroeste argentino porque reúne materialidad, música y cooperación. Sus tubos organizan alturas; sus dos cuerpos pueden repartirse una melodía; sus bandas transforman esa estructura en experiencia comunitaria. Conocerlo exige escuchar tanto el sonido como las palabras y prácticas de quienes lo construyen y lo tocan.